Este viernes 6 de marzo de 2015 participé en la Mesa de la Danza del Congreso En Defensa de la Cultura  junto con María José Mayordomo, Coreógrafa, docente, Directora de ESQUIVEL, César Casares, Coordinador de DANZA_TE, Pablo Guzmán, representante de Emprendo DanzaSara Mora, Abogada de la asesoría de CONARTE. La mesa fue coordinada por Manuel Segovia (EMPRENDO DANZA-FESED); Raúl Cárdenes (Asociación de Profesionales de la Danza-CONARTE) y Willy Arroyo (Asociación Cultural por La Danza, y director de la revista por La Danza). Hicimos un repaso por los diferentes obstáculos y desafíos con los que se encuentra el mundo de la danza en los momentos actuales y se hicieron propuestas para mejorarlo en el futuro.

Os dejo a continuación el texto de mi participación centrada en las ayudas a la danza, su situación actual y propuestas de futuro, así como la presentación.

Mesa de la Danza

Del dicho al hecho… Breve texto sobre las ayudas a la danza y su adecuación/inadecuación a la realidad del sector.

En el transcurso de menos de diez meses he librado, sin apenas ruido, dos pequeñas grandes batallas con dos administraciones dedicadas al apoyo a la Danza: el INAEM y la Dirección General de Artes Escénicas, Música y Audiovisual de la Consejería de Empleo, Turismo y Cultura de la Comunidad de Madrid, y ambas se han ganado. En las dos ha existido un mismo elemento en común: la interpretación incorrecta del texto de la convocatoria por la propia Administración que la lanzaba.

En un caso se nos negaba la posibilidad de que una agrupación de asociaciones que no tuviera personalidad jurídica se pudiera presentar a la convocatoria del INAEM. Tuve que recordarles y convencerles de que la propia convocatoria y las bases reguladoras en las que se fundamentaba lo permitía.

En el otro se rechazaba la idea de que una asociación pudiera presentarse a las ayudas de la danza de la Comunidad de Madrid por una confusión generalizada de las personas responsables de la aplicación de estas ayudas sobre los conceptos “organización sin ánimo de lucro” y “realización de actividad económica” así como por una interpretación errónea y una aplicación parcial de la normativa europea que define a las pequeñas empresas. Finalmente y, tras presentar solicitud formal de aclaración indicando los argumentos que justificaban la posibilidad de que las asociaciones dedicadas a la danza pudieran presentarse a la convocatoria, este año se les ha permitido que accedan a la misma. Esto ha sido una gran noticia teniendo en cuenta que las ayudas específicamente pensadas para las asociaciones que realizaban actividades culturales relacionadas con la danza no se habían vuelto a convocar desde el año 2012.

Estos dos casos ponen de manifiesto que un desconocimiento de la norma por aquéllos que tienen que aplicarla puede convertirse en un obstáculo, en ocasiones insalvable, para el acceso a las ayudas puesto que a ello se une tanto la falta de conocimiento de los posibles beneficiarios de cuáles son sus derechos como el miedo a las posibles consecuencias que pudieran derivarse de “significarse” al reclamar una interpretación distinta de la norma.

Si solamente nos encontráramos con problemas de interpretación o de lectura errónea de las convocatorias pero el texto de las mismas se adecuara a las necesidades del sector de la danza sería más fácil la solución de los problemas que surgieran. Sin embargo, desgraciadamente esto no es así. Muchos de los requisitos que se exigen no se adecuan ni a la práctica cotidiana ni a la realidad de las compañías de danza que cuando deben presentar sus proyectos para concurrir a las ayudas tienen grandes dificultades para conformarlos de acuerdo con lo que se demanda por parte de la Administración. Así, las mayorías de las convocatorias y programas de ayudas se caracterizan por su rigidez y su falta de flexibilidad para adaptarse a la evolución natural tanto de las prácticas artísticas como de sus formas de gestión y organización. Tampoco sus calendarios se ajustan a los ritmos de la producción y exhibición de la danza. Si no no hay más que ver lo que ocurrió el año pasado con el Programa Platea, por ejemplo.

El Plan General de la Danza aprobado en 2009 para los años 2010 a 2014, elaborado desde el sector e impulsado desde el INAEM, colocaba como primera prioridad de su actuación la Línea Estratégica 1 “Definir y aplicar un sistema de financiación adecuado a las distintas necesidades del sector” e incluía como primeras medidas la optimización y diversificación de las convocatorias de subvenciones tanto a proyectos plurianuales, que dieran estabilidad a estructuras del sector consolidadas, como a proyectos anuales, que facilitaran la emergencia de nuevas propuestas.

¿Qué se esperaba de las palabras “optimizar” y “diversificar” ? En mi opinión lo que se quería transmitir con estas palabras es que era necesario que las convocatorias de subvenciones, en primer lugar, se adecuaran a la realidad del sector y se formularan de la mejor manera para facilitar la actividad de los diferentes agentes implicados en la danza y, en segundo lugar, se ofrecieran varias líneas de subvenciones que apoyaran las diversas necesidades que cada uno de los agentes intervinientes tienen en cada momento de la cadena de valor de la danza .

Pero ¿cómo se ha materializado este Plan General de la Danza en las políticas y acciones seguidas hasta ahora?

En el año 2010 se modificó la convocatoria de ayudas a la danza, la música y la lírica del INAEM, pero, sin embargo, las ayudas siguieron siendo de concepción anual sin que se haya incluido desde entonces ningún apoyo a proyectos multianuales. Tampoco se introdujeron grandes novedades en las modalidades de ayudas a la danza ya existentes. Además en el año 2011 a resultas de la aprobación de unas nuevas bases reguladoras para las ayudas del Ministerio de Cultura se introdujo un cambio que resultó transcendental. Si con respecto a la cuantía de la ayuda en el año 2010 se decía que la cuantía máxima individual de las ayudas sería la necesidad de financiación declarada por el solicitante, en el año 2011 se pasó a señalar que el importe de la ayuda no podría superar el 65 por ciento del coste total del proyecto debiendo conseguir el beneficiario otras fuentes de ingresos para cubrir el 35% restante. Cuando se tomaron estas medidas habría sido necesario valorar muy cuidadosamente el impacto que iban a tener sobre la forma de funcionar del sector así como fomentar que existieran formas complementarias reales para conseguir la financiación de ese otro 35%. Sin embargo, esto no ha ocurrido así.

Tras el cambio de gobierno se aprobó el Plan Estratégico de la Cultura para los años 2012 a 2015 de la Secretaría de Estado de Cultura. Este plan contiene nueve menciones a la danza. Cinco de ellas se refieren a organismos o entidades dependientes del Ministerio: el INAEM, el portal Danza.es, la Compañía Nacional de Danza y el Ballet Nacional de España. De las otras cuatro restantes sólo hay una que hace referencia explícitamente a la financiación y se refiere a la realización de unas jornadas informativas para los sectores de las artes escénicas sobre la que iba a ser, y finalmente no ha sido, la Ley de Participación Social y Mecenazgo. Estas jornadas se incardinaban dentro de la Estrategia 4.4 que consistía en establecer una plan de captación de recursos que promocionaran el apoyo económico de la sociedad civil a las artes escénicas. Ninguna mención se hacía en el Plan Estratégico a la mejora, optimización o diversificación de las convocatorias de subvenciones para la danza. Quizás porque los cambios más importantes en las convocatorias del INAEM se habían llevado ya a cabo en 2010 y no resultaban, según el criterio de los responsables, una prioridad. Tampoco se hacía ninguna indicación sobre ningún plan específico de captación de recursos para este sector.

Eso sí de entre las menciones a la danza la primera era la de evaluar el Plan General de la Danza 2010-2014 cuya primera prioridad, como ya he dicho, es la financiación por lo que esperemos que cuando se produzca esa evaluación por la Comisión de Seguimiento éste sea el primer tema que se trate. ¿Se llevará a cabo en este año? Lo que llama la atención es que la prioridad era evaluarlo y no ponerlo en marcha, como era de esperar, y asegurarse de que se planificaban y se llevaban a cabo las medidas propuestas para cada una de las líneas estratégicas recogidas en ese documento.

En diciembre del año pasado tuvo lugar la sexta reunión del Pleno del Consejo Estatal de las Artes Escénicas y de la Música que reúne a representantes del sector con responsables de las Administraciones Públicas a nivel estatal y autonómico y a un miembro de la Federación Española de Municipios y Provincias. Se anunciaron con gran alharaca incrementos en las deducciones por mecenazgo y la introducción en los presupuestos del Estado para el 2015 entre las actividades prioritarias de mecenazgo las actividades de fomento, promoción y difusión de las artes escénicas y musicales llevadas a cabo por las Administraciones Públicas o con el apoyo de éstas. Se olvidaron de que las compañías de danza no pueden ser objeto de mecenazgo puesto que no se han cambiado las entidades que pueden ser receptoras del mismo por lo que de nada les sirve esas deducciones. También se anunció una nueva deducción fiscal del 20% en la cuota íntegra del Impuesto de Sociedades para las artes escénicas y musicales dirigida a atraer a coproductores privados. Está por ver si tiene el resultado que se pretende en el caso de la danza.

Así las cosas nos encontramos que finalizado el período para el que se aprobó el Plan General de la Danza y a punto de terminar el Plan Estratégico de la Cultura sigue sin haber un apoyo a proyectos multianuales que permita la consolidación y continuidad de iniciativas de interés con cierta seguridad y estabilidad, las modalidades de ayudas no se ajustan a todo el ciclo de la danza, y las compañías de danza continuan sin poder ser objeto de verdadero mecenazgo y con graves dificultades para conseguir el resto de la financiación que necesitan para llevar a cabo sus proyectos.

Otro de los aspectos que se subrayaban en el Plan General de la Danza era la necesidad de una cooperación institucional entre las distintas administraciones de ámbito estatal, autonómico y local. Sin embargo, a pesar de que en la convocatoria de las ayudas del INAEM siempre se indica que se han tenido en cuenta las indicaciones del Consejo Estatal de las Artes Escénicas y de la Música cuando uno analiza las convocatorias del propio INAEM y de Comunidades Autónomas como la de Madrid puede observarse una falta de coordinación de políticas que evita que puedan ser verdaderamente complementarias en el apoyo a proyectos impulsados por compañías y asociaciones dedicadas a la danza. Falta una visión común nacional y una coordinación institucional real sobre cómo se quiere que sea el desarrollo de la danza en nuestro país en los próximos años así como sobre las estrategias a seguir y las acciones a tomar, quizás también derivado de que la danza se trata de forma conjunta con el teatro y la música cuyas necesidades no siempre coinciden. Mientras siga habiendo actuaciones puntuales sin orden ni concierto y sin un carácter específico adecuado a la idiosincrasia del sector de la danza la situación seguirá siendo como hasta ahora.

Veamos, como ejemplo, las ayudas a la danza de la Comunidad de Madrid. En primer lugar, no hay un plan específico para la danza (tampoco ni siquiera para las artes escénicas). En segundo lugar, las ayudas recogen requisitos que no demuestran una intención real de conocer cómo funciona el sector. Así, por ejemplo, las compañías de danza deben justificar un mínimo de 5 funciones además de la del estreno. Sin embargo, las ayudas no cubren los gastos que esas funciones suponen ni tampoco se ha creado una línea de ayudas que cubra esta gira posterior que se exige ni se ha coordinado con el INAEM un programa que pudiera complementar este requisito obligatorio. Otro ejemplo es que los empresarios autónomos no pueden incluir el coste de su trabajo por lo que en obras coreográficas donde el autónomo es el único intérprete no pueden incluir honorarios por su labor. A todo esto se añade el pago tardío de las ayudas en el caso de que se concedan o el complicado proceso de gestión de la justificación de las ayudas.

En mi opinión para que cualquier política de ayudas y subvenciones a la danza, tanto a nivel nacional como autonómico o incluso local, sea efectiva y sirva a los fines que se espera deben darse dos factores principales, amén de muchos otros, que deben ir de la mano:

En primer lugar, las convocatorias deben responder a la realidad del sector de la danza en nuestro país y ajustarse a sus necesidades reales y deben incardinarse en Planes Estratégicos para la Danza (en cada uno de los niveles de la Administración) que vaya acompañados de Planes de Acción específicos y concretos con presupuesto y calendario. Para ello es necesario que los responsables políticos así como los responsables de la Administración encargados de estos temas entablen un diálogo articulado con los agentes del sector dirigido a un conocimiento profundo de cómo funcionan los procesos dentro de la danza y de dónde se encuentran las fortalezas y debilidades (analizándolos en todos y cada uno de los elementos de la cadena de valor) con el fin de que las medidas que se tomen se adecúen a lo que verdaderamente se necesita y no se conviertan en un obstáculo o en un elemento interventor y distorsionador del funcionamiento del sector como hasta ahora viene sucediendo.

El lenguaje que se utiliza en las convocatorias, los beneficiarios de las ayudas, la documentación que se exige, los criterios de valoración que se tienen en cuenta, los gastos subvencionables, la manera de justificar las ayudas, el momento del pago de las mismas, todos ellos deben estar alineados con un conocimiento exhaustivo de la realidad de la vida de las compañías de danza.

En segundo lugar, es necesario que los responsables y funcionarios de la Administración encargados de la aplicación de las ayudas conozcan en profundidad las mismas así como la legislación complementaria a aplicar para que no se conviertan en barreras de acceso a las ayudas de aquéllos que pudiendo presentarse son incorrectamente asesorados por ellos mismos.

Así, considero que los pasos que deberían darse para “optimizar” y “diversificar” las ayudas a la danza deberían partir de un diálogo profesional, respetuoso y serio entre la Administración en los distintos niveles (estatal, autonómico y local), los responsables políticos y los agentes del sector de la danza que permita:

• analizar los puntos fuertes y débiles del sector de la danza en cada uno de los elementos de la cadena de valor así como sus necesidades, expectativas y aspiraciones;
• establecer una estrategia de acciones dirigidas a reforzar las fortalezas, paliar las debilidades y satisfacer las necesidades, acciones de las que las ayudas y subvenciones sean un elemento clave aunque no el único;
• plantear propuestas para que las subvenciones se enfoquen precisamente en construir sobre los puntos fuertes, solucionar los puntos débiles y apoyar en lo que se necesita verdaderamente;
• incrementar las modalidades de ayudas a la danza que apoyen al sector en cada uno de los pilares de la cadena de valor y no solamente en alguno de ellos como ocurre ahora;
• revisar los textos de las convocatorias siendo muy cuidadosos en que tengan la suficiente flexibilidad para que nuevas prácticas o nuevos problemas encuentren respuesta y apoyo económico;
• aprobar los textos de las convocatorias, previo consenso con el sector, para que no ocurra lo que ha pasado en otras ocasiones (se mantienen reuniones, se habla sobre conceptos generales y algunos particulares, pero luego el sector no tiene voz en las palabras concretas del texto, con lo que se siguen dando muchas de las situaciones que se pretenden supuestamente solventar);
• formar a los funcionarios y responsables de la ejecución de las ayudas para que se encuentren al servicio de los beneficiarios de las ayudas y en caso de duda actúen siempre en favor del beneficiario y no se le ponga en cuestión como frecuentemente sucede.

Y, por último, es necesario mucha más transparencia a la hora de informar sobre los resultados y el impacto real de los distintos programas de ayuda. Los organismos encargados no publican información sobre los datos reales de dichos programas ni sobre los indicadores de resultados que se han utilizado para llevar a cabo la evaluación, si es que se ha llevado cabo la misma, cosa de la que también se carece de información.

Diálogo, coordinación institucional, transparencia y cercanía y colaboración específica con el sector de la danza deben ser las directrices a la hora de diseñar nuevos programas y herramientas de ayuda o de modificar las existentes.

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Autor: Eva Moraga